lunes, 7 de mayo de 2018

Desde 1978


1978
Nací mientras nevaba en primavera
como prueba de que nada es como es.

Desde el principio fui lo que siempre
dejo de soñar cuando despierto.

1979
Lo primero que recuerdo es a mí mismo
comiéndome una mosca en la puerta del salón.

Con mis veinteañeros padres aprendí el amor
como motor, mecanismo y movimiento.

1980
Me han contado que lloré, lloré, lloré, lloré y
lloré y lloré hasta conseguir mi guitarra de plástico.

Que toqué, toqué, toqué y toqué horas y meses
hasta que la música se instaló en mis manos.

1981
Descubrí que hay vida en la ficción
refutando a los guiñoles de mi padre.

Aún no había cumplido cuatro años cuando supe
que otro humano se uniría a mis juguetes.

1982
Nació un ente blanco y luminoso, goloso de la risa,
con quien aprendí la guerra, la paz, la culpa, el perdón.

Fui con curiosa ilusión al primer día de colegio,
encontré niños llorando y profesores agraviados.

1983
Allí estuve encerrado muchos años, desolado,
harto de la inercia del rebaño, con el alma enfurecida.

Y yo todo preguntaba, aunque yo mismo respondía,
me excitaba alimentar a la insaciable mente nueva.

1984
Comprendí la libertad de la literatura
atento a mi madre recreando sus mañanas.

Era peligroso despertar del trance del juego,
así empezó la realidad a no ser solamente lo cierto.

1985
Amé a esos peces de colores
como aprendizaje del dolor platónico.

Los enterré en las vías del tren, llorando
con aquella melancolía a la que ya nunca vuelvo.

1986
A mis ocho años ya tenía tabaco y perversión,
ya soñaba versos viejos para el imposible amor.

Aquel verano otro ente azul salió a su ritmo de mi madre
extrayendo de su vientre toda la belleza que puedo.

1987
Ya éramos cinco animales al cobijo del gobierno,
en un mundo laborioso y con televisior.

Conseguí en una guitarra de verdad
la, mi y re, y sus vibraciones matemáticas.

1988
Diez años esperando a que empezara vida,
bastaron para ver que no me pertenezco.

Antes de buscar libertad e independencia,
busqué vivir la cárcel del amor perdido.

1989
Yo fui desde siempre el amigo de las niñas,
me sentía una lesbiana más del grupo.

Pero tuve que dejar de hacer canciones
dedicadas a zanahorias, barcos o melocotones…

1990
Con una guitarra, un pene y una pena,
puedes gozar de llorar durante todo el verano.

Supe que para ulular con rigor el poema
tenía que buscar donde aún no hay palabras.

1991
A los doce me encerraba a cazar en el aire
los acordes más oscuros del paraíso.

Los inmortales que somos ancianos natos,
también aprendemos a dejar la infancia.

1992
Recién excarcelado del colegio, feliz y tarado,
me lancé al fracaso escolar de querer saberlo todo.

Trabajo duro en el bar despeinando cuadernos,
dedicación completa al delirante trabajo de campo.

1993
No pude compartir con mis hermanos
la guerra de guerrillas de la adolescencia.

Desatado en mi cuarto, conspiré contra la audacia
que había alienado también a mis padres.

1994
Amenazaron las ideologías a mi cerebro ardiente
con templarme en una fría serenidad de acuario.

Fueron dieciséis años ensayando el error,
hasta encontrar un camino de la talla de mis pies.

1995
Todas las verdades o mentiras podían ser pregunta,
por eso planeé improvisar mi ruta y ser quien sea.

Postrado ante la pulsión de resolver el mundo,
puse mis diecisiete años en escena.

1996
Se pusieron las canciones al servicio de la duda,
sacando luz de las chispas de la incongruencia.

Lejos del mercado laboral, con gravedad de superhéroe,
me declaré cantautor, firme y humilde iluminado.

1997
Comprobé bajo los focos que no existo,
que la entelequia que soy sucede en público,

que la verdad es un horizonte inalcanzable,
que me entretiene bastante desestabilizar lo necio.

1998
De pronto me vi con veinte años aún en secundaria,
inadaptado, domador de mí, capaz de cualquier epopeya.

En cada batalla perdida y ganada comprendí
que ir contra el sistema sólo es ser uno mismo.

1999
Ensegida los piratas dieron buena cuenta de mi candidez,
por eso pase un año inanimado en la cama.

Entendí que el negocio de la trata de canciones
es impropio de una señoríta.

2000
Heridos mi amor e inocencia de certezas,
decidí hacer uso de mi audacia de simio.

Empecé a entender el mal del mundo
como una destreza que podría protegerme.

2001
Con la excusa del éxito, migré a la gran ciudad,
donde me dispuse a dejarme comer por el mundo.

El hueco que quedó en mi casa familiar,
es igual al que tengo ahora entre manos.

2002
No me endureció el abatimiento, tampoco me hizo blando,
a los veinticuatro yo era un diablo bien tierno.

Abandonada la avaricia de ser un personaje,
me apunté a clases de pensar personalmente.

2003
Me tomé mi mente en serio con cuidado
para ver qué hacen los sabios para explicar la nada.

La ciudad me convenció con su aventura de videojuego,
tanta vida la podía gestionar en canciones sinvergüenzas.

2004
Preferí vivir a cantar que vivir es la clave,
los cantos nacen y vuelan por su propio peso.

No es fácil vivir de desconciertos,
pasé todo el exilio bohemio, maldito y coleando.

2005
Aquella rapidísima eternidad hasta los veintisiete
la pasé picando piedra para mis castillos voladores.

Pero me esperaba otra fuerte infección de amor,
ya estaba casi curado del dolor que me vacuna.

2006
Volví al pueblo a respirar el aire familiar de un sitio cerrado,
a mamar, a reconocerme en los escaparates, a dar aliento abierto.

Mis hermanos y mis padres me encontraron hecho un cristo
y con su asombro me curaron hasta dejarme con aliento.

2007
Como no volvía a nevar en primavera, me casé asalariado
para poder probar los placeres que provee el zoológico.

Enseguida eché de menos el peligro de ser libre
y me puse a selvatizar el parque sin darme cuenta.

2008
En mi pueblo de vuelta encontré a otros monos
hartos de ir vestidos de botones y ganarse azucarillos.

La selva crecía a nuestro pequeño alrededor de invernadero,
allí emprendí mi nuevo huerto de canciones serias.

2009
La gente mayor cada vez era más joven,
por eso caí y compré una visa.

Con más de treinta años, aseado y terco,
escenifiqué mi acomodo con profundo asco.

2010
A caballo entre la gran ciudad y el pueblo,
a burro entre el divorcio y pagar el crédito,

fui pudiendo regresar
al lugar al que me había largado.

2011
No sé muy bien cuándo empieza el ahora,
ni cuando se me atrofiará la hipermetropía mental,

pero me siento aún aturdido tras la explosión
que me dejó por fortuna desahuciado.

2012
Vivir en la nada no es un no-reto,
acomodado en la rebeldía hago caros esfuerzos.

Alejarme de aquellos que me convierten en alguien,
deshabitar paraísos que me costarían obediencia.

2013
Es laborioso ser adolescente a los treinta y cinco,
ser acosado por adultos de todas las edades.

El milagro del arte me mantiene conectado a mí,
de hecho soy mi público más agradecido.

2014
Ya ha pasado unos cuantos pasados,
por qué no pasar a un presente con futuro.

Entregado a mi sacerdocio de ermitaño urbano,
soy célibe y ferviente adicto a la autocontemplación.

2015
Me acabo de dar cuenta de lo que siempre he sabido
cuando reviso los apuntes de mis treinta y siete agendas.

Aún practico la candidez de hacer un mundo a mi modo,
a pesar de haberlo conseguido tantas veces.

2016
Expulsado de cada piso, despedido de cada empleo,
siempre recibo la libertad que exigen mis actos.

A un paso de la indigencia, rico de mí,
me dispongo a continuar sin empezar algo.

2017
Sé que este poema durará toda la vida,
es bello saber que no termina cuando acabe.

Pues estoy mirando para siempre el infinito,
componiendo el mundo para ver qué pasa.