sábado, 7 de diciembre de 2019

SOLO


Estoy frágil en la calle,
mareado de memoria,
mi cerebro no tolera más placebo.

Veo a los amenos humanos ociosos,
parecen divertidos, parecen deliciosos.

Yo soy un peligroso ser,
un inestable estar,
un parecer.

Fumo sin parar, bebo lo que puedo,
soy ajeno al jaleo de esta fiesta,
me siento idiota ante los otros
que se dejan manejar pero descansan.

Ni pertenecer, ni capturar,
Amor propio, por favor,
y blandir una verdad.

Estoy en la calle Fuencarral
dudando de mi libertad,
esperando a que acabe el recreo.

Voy a entrar al bar,
donde viven mis amigos,
voy a saludarles con estilo,
daré besos y abrazos llenos,
aunque tenga soledad en el pelo,
todo lo que soy me lo dan ellos,
todo lo que doy, se lo devuelvo.

Voy a caminar hacia ese bar,
voy a ser normal y un galán surrealista,
busco la paz de la empatía,
la empatía que nos da la soledad.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Acomodado en la rebeldía


I

¿Qué cojones te pasa, oh, amarga charca de culpa?
¿No saber a dónde ir a mitad de camino?
¿Tener las manos en el cielo y los pies en el lodo?
¿Aburrido, quizá, sólo por pensar en la idea de prosperar?
¿A gusto en el cansancio de lloriquear «no puedo»?
¿Preocupado por tener que entonar tantas interrogaciones?
¿Harto de sortear con arte tristes atajos al trabajo?
¿Cansado de correr detrás de ese yo cansado de ti?

¿Qué ovarios te pasa, oh, empalagosa baba de lascivia?
¿Tienes acaso temor al ocaso de tu osadía?
¿Adoleces de adolescencia?
¿Hastiado de juegos de palabras sin saliva?
¿Sediento de toda sed?

¿Qué ojos te pasa, oh, insólito androide de carbono?
¿Confuso ante la probabilidad alta de ser una cosa?
¿Frustrado ante la condena de realidad eterna?
¿Piensas estar siempre agazapado tras tu recelo?
¿Celebras la neutralidad de tu equilibrio quieto?
¿Harás aquello para lo que se te ha programado?
¿Dejarás a un lado tu animalidad felina y divina?
¿Salvarás sólo tu culo de la injusta necedad?
¿Estás leyendo lo que escribes o sólo bailas?
¿Te das cuenta de la falta que te haces?

¿Qué pájaros te pasa, oh, candoroso crío soberbio?
¿Castigado en tu habitación por no obedecer estupideces?
¿Planeando un motín tras otro contra todo orco?
¿Amargado desde bebé por tener que exigir cada mililitro?
¿Desagradecido con el universo que te ofrece belleza?
¿Encerrado en tu criterio libérrimo y reivindicativo?
¿Acomodado en la rebeldía?


II
«¿Qué cojones te pasa, oh, amarga charca de culpa?».
Soy el líquido que sale hediondo de mis poros,
las toxinas en las que nado soy,
légamo también sólido y gaseoso,
me lavo y ya sale de mí nuevo lodo.

Dejo un rastro de inmundicia donde me aposento,
no sabría sobrevivir sin supurar lo impuro,
lo contrario de la savia, la tonta hez
que disfruto excretar por doquier.

Para estar fresco y lamible,
obsesivamente cloaco mis sustancias,
las manos impecables, inmaculado el ano.
Niego en todo caso cualquier despojo.

Así expulso de mí también mierda mental,
digiero malicias y odios con la química del verbo,
las convierto en forma que depongo en el papel.
Toda esta basura es la belleza por la que me inclino.

Soy, sí, amarga charca de culpa
a la que le sucede el milagro de la melancolía.



III
«¿Qué ovarios te pasa, oh, empalagosa baba de lascivia?».
Quiero follarme a la gente,
mirarla y llevármela a un sofá,
oler las partes ricas de su materia,
hacernos esas cosas que salen solas.

Después, entre sofá y playa
llevar de la mano a la gente
por las calles y los ascensores,
beber líquidos, ingerir sólidos,
decir prosa, cantar versos.

Esto tan simple es imposible.
La gente tenemos miedo de la gente,
no nos decimos que nos follaríamos,
nos lo guardamos en secreto a nosotras,
personas amando a otras con el amor de todas.

Si la gente me follara cuando quisiéramos,
cuando por los poros nos salieran mieles,
cuando sería tan fácil como hacerlo,
cuando de algún modo somos todo,
si la gente folláramos entonces,
habría terminado el medievo.

No seríamos seres autoadiestrados
mirándonos sin vernos, husmeándonos,
cansados, convencidos, desconectados
del amor, del amor, del amor
por el que dejamos de supurar
empalagosas babas de lascivia
que quizá se traguen los cánceres.


IV
«¿Qué ojos te pasa, oh, insólito androide de carbono?».
Yo no habría nacido si la nada no existiera,
habría estado siempre aquí donde sea esto,
siendo lo que sea que soy.

Está deliciosa esta hamburguesa, ¡oh, Señor!,
gracias por este planeta y por no existir,
por ser parte de la nada, por las patatas fritas.

En este momento en que no soy la nada,
dedico todo mi sistema psíquicorgánico
a alimentarme, a dar explicaciones y a tragar.

Los pájaros lo pasan mejor por las tardes,
se lo montan mejor que yo en general,
exceptuando lo de los crucigramas.

Todos venimos de la nada, pájaros y piedras,
toda esta materia viene de ninguna parte
y pronto regresará con nosotros dentro.

Mientras tanto, la democracia triste,
la ganadería nazi, la agricultura tirana,
la avicultura abusiva, la entomología abductora.

Entre la nada y la necedad nacemos y morimos
todos los seres que no se sabe para qué somos,
y este insólito androide de carbono duda.

Ir a mi destino, hacer mi trabajo, ser lo que sea
lo dicta el placer, el dolor y una lógica de loro
que repite sin entender los dogmas de la ciencia.

La gran respuesta al por qué no es sino la nada,
la nada imposible a la que volvemos eternamente
y, por qué no, de la que renacemos siempre.



V
«¿Qué pájaros te pasa, oh, candoroso crío soberbio?».
Poco puedo hacer ante la soberbia que me impide admitir mi ignorancia,
dos y dos son cuatro y punto pelota, me niego a darle más vueltas,
pero no admito la elocuencia de nuestros educadores.

Los deberes los va a hacer tu puta madre, ponen Barrio Sésamo por algo,
eso sí que me lo trago y no las mierdas que deponéis en nuestros cerebritos
recién salidos de la nada, ahora encerrados, domados, con la excusa de la ciencia.

Toda mi curiosidad sin resolver agonizando en el aburrimiento del aula,
toda mi sexualidad sin remover padeciendo el tedio de la catequesis,
toda mi creatividad sin refinar bloqueada en el sopor del conservatorio.

Normal que me esconda tras mi pubertad interminable para siempre,
sigo sin tragar porque sí, cojones, y sí me enfado, ovarios, me harta
la facilidad con la que mi yo adulto desea la paz del oprimido.

Pues llega un momento en que te ves viejo para rebelarte, cansado,
dan ganas de autoconvencerse de que así son las cosas, hombre.
Pero el cordero asustado que soy acostumbra a morder al pastor.

Entonces la belleza y la bondad del mundo, los manjares, las lascivias,
la poesía sin palabras, la música sin pautas las gano en pequeñas batallas
en las que salgo herido y victorioso o ileso y derrotado. Siempre pierdo.

Temo haberme acomodado en esta guerra de guerrillas sangrienta,
sumiso a esta rebeldía, esclavo de mi libertad, militante pacifista,
quizá es hora de salir de mi guarida para sonreír con lástima al mundo.


(Poema incluido en el libro "Acomodado en la rebeldía" publicado en 2019 por Noviembre Poesía)

miércoles, 27 de noviembre de 2019

JORNADA DE LA NADA


I

Algún día entenderé hoy
y diré que ya lo sabía
en secreto,
al menos para mí.

Es cierta,
es incertidumbre,
pues la certeza es herrumbre,
y yo articulo lelo y libre.

¿Dónde voy a estar mejor
que en ninguna parte?,
todo habita en la nada,
¡y nada de viceversa!

Y entre nada y nada,
una isla de sencillez sólida
donde espero pronto habitar
para saltar a otra nada,
aunque todas sean igual.

A veces en la nada,
como ahora,
lo quiero todo.


II

Me refiero a mis ojos ajenos,
a mi vagina deliciosa,
a mis tetillas de alimento,
a todo lo mío en la nada
en la que desapareceremos,
en la que viviremos para siempre.

Me refiero a mi dolor reparado a trozos
por todos los todos de mi nada,
infinitos focos de mi luz tenue,
amores a pedazos que son mi amor,
que no duelen, que no curan, que no cesan.

Me refiero a cosas que ya no recuerdo,
sólo oigo el eco de su música en los huecos.

Me refiero
a todo.

Me refiero
a nada.


III

A las nueve y media iré allí,
aparentaré no estar sin ser,
tendré que fingir indignación,
deleite,
sorna,
celos,
pero en mí sólo hay deseo.

A las diez y cuarto iré al baño,
me miraré en el espejo para ver
la forma de mi nada de ahora,
beberé un poco, dejaré mi orina
y volveré a escena.

A las tres y media de la mañana
ya no habrá nada.
No habrá nada.
No habrá una nada para mí,
y seguiré hacia este todo que me espera
en el que podría morir de nada.



IV

Me refiero
a que a las cuatro
estaré soñando con todo,
despertando en medio de la nada.
Veré, oleré, tocaré y oiré nadas o todos
que nunca podré escribir,
tendré apneas,
asmas,
llantos que en el sueño lo son todo,
aun después, en la nada de la realidad,
no querré despertar ni volver allí,
me dolerá que no me duela de verdad.

Después de las cuatro
vendrán las


V

Victoria del insomnio
a pesar de los pensares;
y a pensar en los pesares,
a navegar en el caos universal
que heredé de cientos de nadies.

Victoria del hambre,
del glotón váter,
de la puta fuente,
del santo aire.

Victoria del vicio,
del sedante, del estimulante,
del desengrasante y de la carne,
del agua y del alcohol,
de la adrenalina cortada
con motivación desesperada.

Victoria del fracaso
a las seis de la mañana,
mientras sale un sol
obligado a la física.


VI

«Libre, como el sol cuando amanece,
yo soy libre, como el mar…».


El sol no sabe librar,
arde todos los días
y la tierra gira como un donerquebab
donde yo soy una suerte de brizna.

El sol está obligado a iluminar,
a evaporar al mar,
que es una loncha superficial
donde nos gusta nadar,
quiera él o no.

Pertenece el mar,
pertenece el sol,
pertenezco yo,

esclavo como el sol cuando amanece,
como el mar.


VII

Si este
poema
puede,

puedo yo ser nada,
estar y parecer nada.

Me refiero a todo lo que la nada
me tienta a las siete de la mañana,
cuando ya es hoy de nuevo
y me propongo entenderlo,
aunque diré que lo sabía
en secreto,
al menos para mí.

VIII


(Poema incluido en el libro "Acomodado en la rebeldía" publicado en 2019 por Noviembre Poesía)

domingo, 24 de noviembre de 2019

SILENCIO


«Hoy es el día de la reflexión más hermosa, el día de despreciarme dentro de tus ojos».
Antonio Gamoneda

Dos años de silencio físico y químico
no te han borrado de mi psicobiología.
Todo sigue igual hacia ti en mis manos,
aún tu nombre preparado en mi boca,
todavía los cuerpos esperando al viernes.

Rompo este silencio
con estos versos subnormales.

Yo tonto esperaba diluir tus electrones
en todo el amor molecular acumulado.
Pero sigues posada, como mil mariposas,
en las ramas de todas mis neuronas,
despistándome de la luz que me guía.

Aquella incómoda plenitud
en un vaivén alucinado
de la carne al verbo,
dando verbo a la carne,
carne al verbo,
era verdad.

Rompo este silencio
con estos versos anémicos.

No hay otro camino al cosmos como tú,
a la velocidad de la oscuridad me pones
en el centro de la gravedad universal,
a través de tus sabrosos túneles.

Iré de cualquier modo,
pero será de otro, ajeno a tu algo,
a ese todo que le bastaba a mi nada.

Yo quería todo y más,
más caminantes al cosmos,
más túneles de sabores diversos.

Rompo este silencio
con estos versos egoístas.

Qué habrá sido de ti, aparte de ser mi herida,
nunca lo sabré, por suerte te escondes muy bien.
Yo sólo pienso en mí y tú no pides nada,
prefiero mantener con dolor la imagen
de tu alma explotando en mi cara.

Paso bajo tu ventana inventando tu olor,
temiendo que nos veamos ahora tan rudos
y desnutridos de aquellos licores, ya sobrios.

Te encuentro en sueños llorándome la verdad,
despidiéndonos abrazados y orgasmados,
agarrados a nuestras carnes junto al abismo.

Rompo este silencio
con estos versos que no quieren nada.

(Poema incluido en el libro "Acomodado en la rebeldía" publicado en 2019 por Noviembre Poesía)

sábado, 23 de noviembre de 2019

SER, ESTAR, PARECER Y PASAR


Ser o pasar, esa es la cuestión,
pasar de ofenderse ante la ofensa,
de enamorarse ante el amor,
pasar de calentarse ante el calor.

Sabemos cómo no hacerlo,
hemos dado todo a la nada,
a lo que debemos o a lo contrario.

Todo es lo contrario,
igualito ser rojo que azul,
igualito gánster que detective,
dos caras de la misma manada.

Oveja blanca, oveja negra,
lobo-oveja, presidente-oveja,
antisistema-oveja, rey-oveja,
yo-oveja, tú no, tú estás bien.

Tú vas por tu camino libremente,
haciendo exactamente lo contrario
tan apegado a lo correcto,
lejos adrede de lo preclaro.

Pero, claro, ahora tú, que soy yo, pasamos.
A ser, estar y parecer, habría que añadir pasar.
Esa es la cuestión, cabrón, que paso.

Tanto melodrama y nada es para tanto,
sólo el placer en sí y el dolor en no me hacen algo,
injusticias ajenas a mí me las paso por el tal,
aunque bien es verdad que soy los demás.

Pero, paso. Ni ser, ni estar, ni hostias,
la cuestión es saber pasar con cuidado,
no obligarse a parecer lo que estás siendo,
flotar sobre este río loco de gente
que nada a favor y a contracorriente.

Ay, la gente soy yo también,
apenas floto unos instantes y vuelvo a caer
en el cauce donde todo es tan lo contrario
que me mantiene parado en estado de pasar.

Voy adelante y atrás, una de cal y otra de cual,
un poco de venga y un poco de bah,
anclado, dibujando una espiral,
pasando de parecer un ser que está.

Martin es negro,
Donald está negro,
Barak parece negro
y yo paso de ellos.

No si estuviéramos jugando al parchís,
entonces yo sería ellos y me los comería,
pero en esta situación, prefiero un bledo.

Ya me estoy excediendo,
he sido correcto,
he estado genial,
he parecido divertido,
he pasado desapercibido.

(Lanza el libro al aire).


(Poema incluido en el libro "Acomodado en la rebeldía" publicado en 2019 por Noviembre Poesía)


miércoles, 20 de noviembre de 2019

SALVAR EL MUNDO


Cuando invento cosas que ya existen
me siento parte de la humanidad.
El cedé y la cuarta dimensión
han salido también de esta cabecita
como ramas humanas que emergen
en el misterioso campo de las mentes.

Ojalá todo lo que inventara ya existiera,
porque estoy inventando no sólo la paz,
sino existir por diversión, divertirse, divertir.
Comer entre medias y dormir y joder
divirtiéndonos como cerdos, como dioses,
no como humanos que ganan tedio
y olvidan la vacación de la razón perdida
en el aspaviento de la violencia del pastor.

Estoy inventando la diversión, en serio.
Si es divertido, lo compro o lo invento.
Incómodo en todas partes, siempre encuentro
un pájaro que habla, una luz que colorea,
siempre un frío para mí en el fuego.

Yo sé cómo salvar el mundo
y de qué y por qué y el porqué
y sé qué es el mundo y me sé a mí.

Salvémonos todos juntos aquí,
donde las cosas están claras, es decir,
las nebulosas están definidas, es sentir,
ahora hay que saberse sin conocimiento,
ser la sencillez necesaria para parar la paz
y comenzar la diversión de salvarnos a la vez
en el negocio de la felicidad global espontánea
que quiero proponer al mundo, sea lo que sea.

Yo sé qué es el mundo, pero nadie más lo sabe
sobre todo, los que decimos que lo sabemos,
no en mi caso, que pretendo contarlo sin decirlo
porque lo he imaginado sin palabras.

Encontraríamos la forma
si el mundo fuera como es,
pues lo han cambiado.

Esa es otra, ahora prometo proponer
el egoísmo de querer ver feliz a todo ser,
de cuidar a todo esclavo de sí mismo,
de no ser el centro, sino el mundo,
el egoísmo de ser todos los demás,
cuidarme como cuidaría a quien no fuera yo,
quererme con todo el amor que puedo dar.
Porque hacemos viceversa, pero esa es otra.

Yo sé cómo salvar el mundo
y de qué y por qué y el porqué
y sé qué es el mundo y me sé a mí.

Salvaremos el mundo divirtiéndonos,
lo salvaremos de nosotros, que parecemos otros,
lo haremos para pasarlo bien curioseando el cosmos,
porque somos todo misterio hasta en lo microscópico.
Yo sé qué es el mundo, por decirlo de algún modo,
sé que yo soy este mensaje que egoístamente expongo.

Allá donde voy intento mi mundo con todos,
los hay más monos que otros, los hay extraterrestres,
todos tenemos un poco de todo y de dioses y de orcos,
intento mi mundo con todos los que soy, casi todos,
hay pocos que no me produzcan ternura hacia mí.

Lo hago gratis y gano mundo alrededor,
no mucho, lo justo para no estar asustado,
para llegar a fin de luna con el espíritu entero,
por eso propongo que cambiemos a la vez,
que volvamos a ser como cuando vimos el mundo
por primera vez, antes de aprender el abuso,
para que funcione tiene que ser juntos.

Da igual, quizá sea ambicioso y osado mi sueño,
pero tú y yo podemos empezar aquí,
llevamos un rato ya en el mundo ideal:
quedémonos aquí hasta que podamos,
metamos a más gente, ¡que se sepa!,
se acabó el aburrimiento y la esclavitud,
inimaginable hacer algo que no sea divertido.

¡Venga, todos a limpiar la cloaca con tecnología punta!
Y con una sonrisa, sí, una sonrisa de placer profundo
cuando ves la cloaca limpia como debería estar la mente,
esa mente que carcajea de incredulidad ante su salvación.
¿Te imaginas libre de esa mierda de pensamientos sombríos?
Sí, querida realidad, no eres buena ni mala, sino inescrutable.
El optimista está tan equivocado como tú, pero se divierte.

Me hablo de tú cuando no soy el mundo que quiero ser,
hablo de usted a los que ni les viene ni les va,
y a ti me llamo yo porque ya somos el mundo.

Entonces qué, nos quedamos aquí,
traemos a más gente y
hacemos el mundo.

(Poema incluido en el libro "Acomodado en la rebeldía" publicado en 2019 por Noviembre Poesía)