sábado, 30 de marzo de 2013

Amores,


ahora todo es verdad. Hoy. Ayer. Mañana.
Sé que soy spam.
Yo verdad con las manos ensangrentadas en crema hidratante.
En tu cuerpo de tigre puse mi amor como una cura.
Tengo un yo para cada tú.
Porque tú también te tomas mi amor en dosis altas.

Ahora todo es verdad. En aquí.
Sigo siendo spam.
Yo verdad con el pene enorme follándote desde y hasta el infinito.
En tu cuerpo de perrita puse mi amor como un lobo.
Tengo ese yo para ti.
Porque tú también te comes mi amor con gula.

viernes, 29 de marzo de 2013

Puto poema


I

He olvidado el ocaso sin querer,
estaba despistado mirándome las pelotas.

Qué descuidado poeta,
qué onanista,
que hijo de puta.

II

Si tus ojitos fueran aceitunitas verdes
serías más rara que hostia,
me daría miedo hablar contigo.
Sin embargo eres lisa y casi castiza,
comprometedora, real y volatriz.

Que qué opino yo del amor:
lo mismo que los policías de la delincuencia.

Si no existiera el amor, sería civil,
apenas sería azul,
iría a clase todos los días,
me preocuparía por las cuestiones
y comprendería los argumentos.

III

Hay que ser ordenado,
pequeño imbécil,
tienes que coger tu cerebro,
trocearlo, pulir todas las aristas
y meterlo en equis cajas.

Hay que ser calzoncillista,
perro enano,
hay que disimular la simpleza del pene,
hay que eyacular a escondidas,
que no te vean los demás animales,
no sea que les entren ganas de tragárselo.

Hay que tal y que cual y su puta madre,
pero nadie te regala un minuto de sangre fresca
sin exigirte a cambio una cantidad-calidad de alma.

En resumen, somos todos unos hijos de puta.


IV

Un momento.

Me acuerdo de cuando era un pequeño adán,
qué vida tan simpática:
ésta no es Eva,
ésta tampoco, esta tampoco, esta tampoco,
tampoco ésta. Sigamos buscando;
éste no es Dios, ésta tampoco,
tampoco yo. Sigamos buscando pues.

Ahora soy un entregado platón
intentando explicar a los cristianos
en qué ha consistido el plagio.

V

Iríamos sólo a los sitios que nos gustan,
dudaríamos sólo de las convicciones propias…
Qué pena, por cierto, que haya muerto tanta gente interesante
en la guerra civil.

VI

Sólo me queda soñar que sudo sobre la playa,
que tengo domingos por la mañana en el estómago,
que una brisa de paella me despeina el pubis.

Camino con mis zapatillas blancas
por el paseo fluvial sembrado de caras,
muchas tetas geométricas me han llenado de agua.

VII

Si no escribieras nada qué más daría,
leí en la lápida azul del aire,
yo también tengo muertos en las axilas
como aquellos que prometieron la democracia.
Algunas cosas bien y otras tan mal…,
Eco en el boulevard de la tranquilidad.

Estribillo y caca seca,
remos y arena,
perros y ganas,
gracias y hasta luego.


IX

¡Espere, señora,
se ha dejado aquí los chorizos,
las rosas y los espermatozoides!

Qué señoras son a veces las personas.
¡Señora, que se ha dejado usted aquí la idiotez!

Llévese, señora,
toda esa propaganda de la mentira
y déjeme violarla en privado. Prometo no existir.

Pero todas las circunstancias fueron climáticas
y los abdominales se me irán desdibujando.

Desorden


                             (Nota: las partes en negrita léanse cantadas)


                            I


No Puedo mover las manos
y el aceite de la cabeza
                                   pesa,
                                   rueda entre mi masa muscular.

No puedo mover las manos,
no puedo imaginarte igual ni diferente,
icono voluble del amor,
rostro enfadado de manzana,
lengua gorda,
sábana plástica,
                       ave.

No puedo levantarme de la silla,
tengo dormido el cuerpo
y me aprieta en la ingle un dolor interno,
                                                           me duele la figura,
apesto a sábanas y a pelo, tengo el tacto hipersensible,
la boca fría al principio y cocida al final,
la espalda llena de preocupaciones como números tatuados.

La tarde,
invento comercial,
despropósito,
avanza natural sobre su bicicleta de margaritas

                                                           No hay un planeta para mí ni un anillo.
                                                           He estorbado demasiado.
                                                           No hay un desierto para mí, pero sí un río.

He vuelto a rechinar con las persianas,
he vuelto a tu lugar o madriguera.
No he visto a tu madre peinando los tiestos,
ni he visto un seatpanda aparcado en batería.

He poblado un momento tu principio y destino y tranquilidad,
he dejado un papel escupido despacio
 y he mirado el otro lado de la pared de tu cuarto.


                                  II

No puedo mover mi cuerpo en algunos sueños.
Se me estaban acabando las tiritas y aún no se me había curado la herida.
No puedo transcribir la lentitud con la que escribo,
acabo de pensar en la palabra Angustia, así, con mayúscula,
y he decidido poner una lavadora.

No puedo moverme, he pensado como un árbol,
no puedo sacudir.
Acaricio mi palma izquierda con el dedo izquierdo,
me siento inservible aunque sienta un placer.

Llevaba tres exámenes sin pensar en ti,
he tenido droga suficiente.
Y ante el dolor del trabajo y el punto húmedo del otoño,
algo tuyo ha evolucionado como un hongo que esperaba.
                                                           No pienso contártelo, es un secreto
                                                           y una metáfora.
                                                           Está encima de mi mesa,
                                                           ven a mirarlo,
                                                           prometo olerte un poco
                                                           y dibujarte después en una servilleta.

No vengas con la falda de cartón,
trae pétalos besándote la cara.
Regálame algo azul inmaterial,
coincide con un gato en mi portal.
No me hagas explicarme en la cocina.


                                  III

                                                           No tengo tiempo para ser real.
                                                           Disfruto demasiado del lavabo.
                                                           Reflejado en el espejo me siento menos solo.
                                                           No hay mucha diferencia entre ver e imaginar.
                                                           Este mundo necesita incienso.

Mientras no puedo moverme se mueve la luz.
Hay bufandas de sol en el suelo de mi cuarto.
No puedo mover las manos frías.
¡Que no voy a volver a verla, dice!
Hoy mi ordenador lleva sombrero.

                                                           Huele de verdad en tus recuerdos.
                                                           Un tobogán caliente lleva hacia ellos.
                                                           Están debajo, en los cimientos.
                                                           Los deberes forman andamios.
                                                           Ese edificio viejo en obras es mi pensamiento.

No puedo mover bien los resortes de la voz.
No oigo cómo suena ahora mismo el teléfono.
No puedo reconocer la sensación de hambre.
He decidido escapar. Hace años que quiero escapar.
Hace un segundo que estoy quieto.


                                  IV

¡Ahora no quiero cantar!
¡No me importa llevar un año más estos vaqueros!
Quiero subir en un tren.
Quiero el dinero del premio.
Quiero besar a una persona con abrigo largo de pana.

¡Me niego a ganarme el pan!
¡El pan sólo dura un día!

Muevo con valor mi libertad, la empujo con la cabeza,
con las manos abrochadas en la espalda.
No puedo mover mi cuerpo con la misma eficacia,
un archipiélago de mármol
invade el arrozal cálido
que transitaba descalzo.
                                   Infancia Puta.
                                   ¡Escondite!

No puedo probar la fruta.
Comeré flores y abejas, pero quiero fruta.
Vivo en la corteza de la tierra, donde abundan las peras,
espero siempre con paciencia al autobús,
leo los remites de las cartas que le llegan al casero,
lavo los cubiertos al final,
apoyo la idea,
pero no hay peras limpias para mí.
                                               No hay un buen trato en general
                                               para con los que no tenemos dinero.
                                   No iré a enamorarme mientras no tenga. Que no tengo.
                                   Pobres peras sin destino, pobres hombres sin dinero.

Qué aburrimiento,
qué honor,
cantar todas mis canciones en directo;
a cambio me darán un pan que mañana estará muerto.

No me deis dinero, dadme un peral.
Y una flauta, por favor.
Yo saldré desnudo a dar placer,
les entregaré el líquido,
les anunciaré el movimiento.


                                  V

Amor,
tienda de verano,
he arrugado tu extensión con una idea.
Hay un paso entre la calculadora y el dragón: los sentimientos.
No he tenido en cuenta la plaza y he paseado quieto,
Pero no soy tonto, podría ser médico de cabecera,
y sé que esta plaza quiere un paseo.

Yo no puedo mover estas piernas de arena de playa.
Están tranquilas y sencillísimas.
Son unas piernas andaluzas con las que nací en Mayo.
Ellas no se quejan de estar quietas,
igual que los paseos no se quejan de ser largos.
Estoy a su lado, esperándolas en silencio,
pensando en voz muy baja, para que no me escuchen,
parado contra la naturaleza de mi cuerpo humano.

Nazco con cada respiración imprescindible,
asciendo y desciendo,
permanezco,
                        estás en el fondo y en el cielo,
ato con nudos las palabras,
no sé si decirlo,
pero disfruto más escribiendo sin hacerlo, sin teclear, sin grabar.
Disfruto más sin movimiento.

 
                                 VI

Me río de mí.
No te quiero violentar.
Tranquila,
                        escucha:
                        rodamos
                        sólidos.

A veces te mentí sobre la cara,
te sometí a la escafandra,
lo hice con labia,
con perfumes. Mareado.
            En tus pómulos de aceituna negra
            deposité mentiras en forma de oruga naranja.

Si tú me vieras ahora me comerías a besos tras matarme.
No hay duda de que te debo un presente, amor a voces, musérrima.
No te lo daré
                        porque
                                   no puedo moverme.

No podría mover tus manos,
caminarías sola,
nuestros hijos serían gatos,
la cocinera estaría harta,
tu madre cedería de nuevo.

Tu madre es cómplice,
ella entiende nuestro amor.
Tiene ojos en tu cara,
y una colección de dudas de piedra.

 Quiero a tu madre desde aquel día

que nos pilló afinando tu guitarra.
Tu madre es nuestra.


                                  VII

No puedo mover algo.

El frío está engañando de nuevo al animal.
Parece que se mueve este planeta enorme.
Yo soy un pequeño individuo quieto en su silla.
Me puedo mover a la vez que tú, gitana,
pero baila con cuidado
no te vayas a divertir.
El frío está añadido a la penumbra. Me asombra que aún se vean las tijeras.
No pienso quedarme solo. Si no tengo luz soy una espera.

¡Sacrifico a esta lata de atún al dios que sea!
Da igual, a cualquier dios menos Al Nuestro.
Qué difícil es quitarse la túnica de cemento del cristianismo,
sobre todo cuando llega el otoño y huele a café sobre el trigo.
Cuando termine de caer en este precipicio
se hará pedazos contra el suelo.
Pero no digo del precipicio de mi voluntad,
                                                           que es tonta,
¡digo del precipicio de mis deseos!
                                                           Que no termina,
                                                           empieza,
                                                           administra,
Es un tubo igual de ancho que de largo,
un precipicio de diseño, aunque naturaloide pero coloreado.

   
                                VIII

No puedo mover el cuello, pero sí el pelo.
Por lo de siempre: el pelo sale muy, muy despacio,
parece que no sale.
                                   No sale.
                                   Se mete él en la realidad.
                                   Así, si me quedo quieto, la realidad no me absorbe.
                                   Pero me crece el pelo,
                                   ¡salgo fuera!
                                   Me crece también la personalidad
                                                                                  si no estoy quieto.

No quiero ir al peluquero de la personalidad,
no quiero ir en lapicero hasta el final del verso,
no quiero tener que robar.
Quiero enfundar un sofá.
Quiero saber el canal opcional a los sueños
para decirte: hola, guapa, ritmo...

No puedo moverme, pero puedo navegar por Internet.
No es sorprendente, eso es lo malo, eso es lo imbécil.
Voy de un sitio a otro rápido, sereno y atemporal. Tengo algunas contraseñas.
Voy sin cuerpo. Allí a veces estas tú.
La gente que desaparece permanece en Internet.
Todos terminaremos algún día en Internet.

Veo gracias a la luz del ordenador.
Las cosas de mi habitación son simpáticas conmigo.
Yo les hago fiestas donde bailo y me masturbo.
Esta guitarra es un testigo de mi intimidad divertida.
Esa luna que se quiere reflejar en el espejo está desnuda.

El tiempo debe de estar pasando, suena, atiza en el exterior.
Duele a veces como una bajada violenta.
Otras veces espuma que rompe contra el acantilado.

   
                               IX

No me puedo mover, pero no hay quien me calle.
Estornudo mis ideas sobre los demás.
Me limpio,
            delineo,
            espero
                        y vuelvo a estornudar. Pero:

                   yo

soy
la primera idea
que no puedo comprender;

y estoy quieto.
Sólo se mueve mi cuerpo
porque lo mueve el tiempo.

Orden


I

a, b, c, d y todo eso,
me ayudarán a superar el silencio de esta despalabrada rabia.

El humor, la belleza, el ritmo...
Todos los albañiles del verbo, ¡a trabajar!

Gruño la palabra rabia,
y me salen de la garganta, uno tras otro,
tres puntos suspensivos.

¿Me quedaré de nuevo en preámbulos?
He dormido muchas noches junto a la puerta de la poesía.
Hoy he traído sopa y porros,
pero nada dulce. Ni besos.

Pero ¿a mí qué me importa lo que yo piense?
Lo que pienso ¡ya lo sé!, y mola y tal...
Cuando me aposto en la puerta de la poesía,
lo que ando buscando son espirales de luz.
Si no las consigo se me mueren los ojos.


II

La sopa está rica. Fumo.
Un desierto cálido avanza arrasando
los parajes helados de mi espacio interior.

Hemos quedado en que íbamos a hablar de la rabia, ¿no?
Pues ahora no sé dónde está...
Estaba ahí,
en la parte de arriba de mi cerebro,
junto a los ojos de Silvia.

¡Ya la veo!
Ahora está descansando.
Junto a ella descansan también mis asuntos:
los conciertos, la piel de la base de la espalda,
una naranja diaria, un beso menos al minuto,
Elena y las serpientes que mueven su cuerpo,
el alquiler,
la sonrisa de Andrea, las persianas, todas las flores,
la melancolía,
medio pollo troceado, un diente de ajo y sal,
las enfermedades, las facturas, la caca y el pis,
la puta luna, el metrodemadridinforma,
la paciencia, el cinismo y la calidad.

La rabia
es el polvo que hay entre los trastos de mi cerebro.

Polvo sobre mis manos de niño.


III

Si voy a llorar, lo dejo.
Paso de hostias. Yo he venido aquí a mojarme de luz.

Los duendes que andamos entre los veinticinco y los treinta,
no sabemos si dejarnos la barba larga.
Yo tengo problemas con el resto de los saltamontes,
porque he decidido saltarme,
qué digo saltarme,
¡pasar por debajo de las normas!
Y eso les jode sobremanera.

No debo llorar, debo asesinar.
Pero con cuidado de no matar a nadie.
Asesinar al puto cobarde que hay en mí.
Asesinar al culpable y arrepentido cristiano que hay en él.

Desordenar el principio y el final,
y continuar dando vueltas alrededor de las esferas.

...Nada, que no me sale;
continúan cerradas las puertas de la poesía.


IV

Cuatro.
¡Y qué!

V

Pisar los charcos.
Bajar del autobús.
Merendar en casa yo solo.
Escribir sobre las páginas de los libros.
Lanzar un balón contra el ventanal.
Rascarme las nalgas con las diez uñas.
Rellenar un albarán.
Subir a un taxi.
Cancelar una cuenta.
Haber reído. Reír.
Gritar enfadado.
Gritar.
Llorar sin cesar.
Tirar ropa a la basura.
Jugar a las muñecas y a los coches a la vez.
Comprenderlo mejor.
Reinventar el universo.
Follar.
Escribir.
Zampar.
Y viceversa.


VI

Ya me encuentro mejor,
lo cual es una mierda, porque hace frío en la paz.
Siempre algo puede ser una mierda,
sólo hay que buscar bien.

Ya estoy más tranquilo.
la rabia se ha convertido
en un mero recurso literario,
en un pretexto para tomar sopa.

Pero ya me la he tomado y estoy agusto.
Todo en orden: cuatro versos por estrofa,
una calada cada dos ideas,
bostezos al azar, suspiros; trabajo concienzudo.

¡¡Me aburro!!
Haz el favor de dolerme, problema,
o terminaré siendo periodista, o poeta.


VII

En el espejo está la respuesta:
soy una cosa rara que se mueve voluntariamente.

En el servicio siempre actúo para mí,
no sea que dé mala imagen ante los espejos.

He orinado con bastante elegancia.
Con la espalda recta, me he lavado las manos.
Me he mirado de soslayo, y he salido.

Habría que rebobinar los espejos.


VIII

viii
¡Viii...!,
¡viii...!, ¡viiiiiiiiii...!
Vi una loncha de labio planeando en el humo...
(Imágenes reales no tengo ninguna,
sólo un gran despliegue de ideas informales:)
un camino de piedras de carne humana,
un edificio de goma espuma,
un juez de dibujos animados,
una bandada de funcionarios,
un tenedor de tomate,
una salida hacia el interior,
una cita para despedirse...

Oh, qué dura es la vida del animal humano,
cuya naturaleza mental, le impide ser real.

El langostino que no quiere volver a ver al caballito de mar,
no queda con el caballito de mar para despedirse,
sobre todo si los dos viven en Madrid.


IX

La otra tarde vi llover,
vi gente correr,
y no estabas tú” (canción conocida)

La otra tarde vi llover y a gente correr, pero no estaba yo.
Hay que ver lo inexistente que soy.
Estoy triste de oquedad,
solo de identidad,
lejos de ser ahí.

Tiro-rio-rio-rá,
mierda de dolor, mierda sin sabor.

¿Quieres ir al cine sola?
Te doy el dinero y cenas sola,
te acompañas a tu casa, te besas en el portal,
y te follas tú sola.

Porque yo estoy lleno de puertas cerradas.

Hay un señor, que no soy yo,
que va siempre con vosotras a los sitios.
Yo os observo acojonado desde detrás de sus ojos.
Sois bonitas y poderosas, podríais reconstruirme,
pero me cago de miedo y me muero de amor.

Es que, joder, no entiendo nada.


X

Sí a la promiscuidad.
Sí a la independencia.
Sí a la libertad y a la razón.
Sí a la fuerza natural del ser vivo.
Sí a al bálsamo de la paz.
Sí a la aventura de no saber.
Sí a la comunicación.
Sí a la música y a las ciudades.
Sí a la belleza de lo diferente.
Sí al no.
Sí a las faldas y a los sombreros.
Sí al invierno blanco y azul.
Sí a todas las primaveras.
Sí a la fruta y a las personas.
Sí a la ciencia.
Sí al sí.
Sí.