«Hoy
es el día de la reflexión más hermosa, el día de despreciarme
dentro de tus ojos».
Antonio
Gamoneda
Dos años de silencio físico y
químico
no te han borrado de mi
psicobiología.
Todo sigue igual hacia ti en mis
manos,
aún tu nombre preparado en mi
boca,
todavía los cuerpos esperando al
viernes.
Rompo este silencio
con estos versos subnormales.
Yo tonto esperaba diluir tus
electrones
en todo el amor molecular
acumulado.
Pero sigues posada, como mil
mariposas,
en las ramas de todas mis
neuronas,
despistándome de la luz que me
guía.
Aquella incómoda plenitud
en un vaivén alucinado
de la carne al verbo,
dando verbo a la carne,
carne al verbo,
era verdad.
Rompo este silencio
con estos versos anémicos.
No hay otro camino al cosmos como
tú,
a la velocidad de la oscuridad me
pones
en el centro de la gravedad
universal,
a través de tus sabrosos
túneles.
Iré de cualquier modo,
pero será de otro, ajeno a tu
algo,
a ese todo que le bastaba a mi
nada.
Yo quería todo y más,
más caminantes al cosmos,
más túneles de sabores
diversos.
Rompo este silencio
con estos versos egoístas.
Qué habrá sido de ti, aparte de
ser mi herida,
nunca lo sabré, por suerte te
escondes muy bien.
Yo sólo pienso en mí y tú no
pides nada,
prefiero mantener con dolor la
imagen
de tu alma explotando en mi cara.
Paso bajo tu ventana inventando
tu olor,
temiendo que nos veamos ahora tan
rudos
y desnutridos de aquellos
licores, ya sobrios.
Te encuentro en sueños
llorándome la verdad,
despidiéndonos abrazados y
orgasmados,
agarrados a nuestras carnes junto
al abismo.
Rompo este silencio
con estos versos que no quieren
nada.
(Poema incluido en el libro "Acomodado en la rebeldía" publicado en 2019 por Noviembre Poesía)
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